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Cuánto cambiar brochas

Cada cuánto hay que cambiar las brochas de maquillaje

Cada cuánto hay que cambiar las brochas de maquillaje

No existe una fecha de caducidad escrita en el mango. Una brocha se cambia cuando deja de hacer lo que hacía: cuando el pelo pincha, cuando suelta cerdas en la cara, cuando el producto ya no se reparte igual o cuando por mucho que la laves sigue oliendo raro. Esa es la regla honesta. A partir de ahí, hay señales concretas que te ayudan a decidir y, sobre todo, hábitos que alargan o acortan mucho la vida de una brocha. La forma de cada pieza también cuenta, porque no se desgasta igual una brocha plana que una redonda para la base.

De qué depende que dure más o menos

Dos brochas idénticas pueden durar lo mismo o la mitad según cómo se usen. Depende de esto:

  • El tipo de fibra. Las fibras sintéticas aguantan muy bien el contacto con productos cremosos y los lavados frecuentes; el pelo natural es más delicado con los jabones agresivos y con el agua caliente. Hay más detalle sobre esto en la comparación entre pelo natural y sintético.
  • Qué producto aplicas. Una brocha que trabaja a diario con base líquida o corrector cremoso sufre más que una que solo pasea polvos sueltos por la cara.
  • Cómo la lavas. Un lavado con agua tibia y jabón suave una vez por semana no la castiga; sumergir el casquillo entero, usar agua muy caliente o retorcer el pelo para escurrirlo la mata en pocos meses.
  • Cómo la secas. Tumbada, con el pelo hacia abajo o hacia un lado, y nunca de pie con el agua bajando hacia el mango. Si el agua se mete en el casquillo, el pegamento se ablanda y las cerdas empiezan a soltarse.
  • Cómo la guardas. Suelta en un cajón donde la aplastan otras cosas, el pelo se dobla y ya no vuelve a su forma.

Con un uso diario y lavados cuidadosos, una brocha sintética buena puede estar en forma varios años. Una brocha barata con fibra fina y casquillo mal pegado puede empezar a dar problemas en meses. En las de corrector, además, el tamaño y la forma condicionan cuánto aguantan antes de deformarse. No es tanto cuestión de calendario como de trato.

Señales de que ha llegado la hora

Fíjate en estas cosas antes de tirarla, porque algunas tienen arreglo y otras no:

  • Suelta pelo cada vez que la pasas. Que caiga una cerda suelta de vez en cuando es normal. Que se te queden tres o cuatro pegadas en la cara después de cada aplicación, no. Suele significar que el pegamento del casquillo ha cedido.
  • El pelo se abre en abanico y no vuelve. Una brocha de base en forma de lengua que ahora parece una escoba abierta ya no deposita producto igual: lo reparte en bandas, deja marcas y no difumina.
  • Pincha. Las puntas de las fibras, con el uso y los lavados, se parten. Cuando una brocha de polvos empieza a notarse áspera en la mejilla, es que las puntas están rotas.
  • No queda limpia por mucho que la laves. Si el agua sale turbia tras varios aclarados, o si tras secarse el pelo sigue amarillento o con olor, el producto se ha acumulado dentro, entre las cerdas más próximas al casquillo. A veces un lavado a fondo lo resuelve; si no, es que ya está saturada.
  • El casquillo se mueve respecto al mango. Esto es final. Un casquillo flojo acaba girando mientras maquillas y el pelo se descoloca.
  • El mango se ha hinchado o craquelado, normalmente porque ha pasado tiempo metido en agua. El barniz salta y la madera absorbe producto.
  • Raspa o queda áspera aunque esté limpia. Si pasa eso, toca cambiarla.

Qué puedes hacer para no cambiarlas tan a menudo

La vida útil de una brocha se decide, sobre todo, en la pila. Un lavado cuidadoso alarga la vida de la brocha. El procedimiento completo está en la guía de lavado paso a paso, pero los puntos que más daño evitan son estos:

  • Lava con la brocha boca abajo, nunca boca arriba. Si el agua corre hacia el mango, moja la zona pegada.
  • Agua tibia, no caliente: el agua caliente puede ablandar el pegamento de la virola y estropear el pelo.
  • Jabón suave. Los desengrasantes fuertes resecan el pelo natural y lo vuelven quebradizo.
  • Al escurrir, aprieta el pelo entre los dedos de la base a la punta, sin retorcer.
  • Devuelve la forma con los dedos antes de dejarla secar. Si la dejas apelmazada, se seca torcida.
  • Seca en horizontal, con la cabeza colgando ligeramente por el borde de una mesa o sobre una toalla doblada, nunca de pie en un vaso.

Entre lavados a fondo, viene bien una limpieza rápida con un espray o un sólido limpiador para quitar el producto superficial, sobre todo en las de ojos, que acumulan sombras de un día para otro. Eso espacia los lavados completos y la fibra se estropea menos.

Las de ojos y las de cara duran distinto

Las brochas pequeñas de ojos tienen una vida más corta porque las fibras son finas y se parten con facilidad al frotar sobre la cuenca o al mezclar colores. Un pincel plano para aplicar sombra se abre antes que una brocha de polvos del mismo precio. Si trabajas mucho los ojos, cuenta con renovar más a menudo esa parte del set que la de cara. En esta explicación sobre pinceles de ojos verás por qué cada forma pide un trato distinto.

Las brochas kabuki y las densas para polvos, en cambio, suelen aguantar bastante: tienen mucha fibra y trabajan con polvo. Las de base líquida están en un punto intermedio: trabajan con producto pesado, se ensucian a fondo y necesitan lavados completos más frecuentes, lo que acelera el desgaste.

Cuándo cambiarlas sí o sí

Hay un par de situaciones en las que no merece la pena intentar salvar una brocha:

  • Si ha estado guardada mucho tiempo con restos de producto sin lavar. El maquillaje seco endurece el pelo desde la raíz y, aunque lo ablandes, la fibra ya no recupera el movimiento.
  • Si el casquillo está suelto. Repegarlo en casa suele acabar peor que al principio.
  • Si al secarse huele mal. Significa que hay humedad y producto atrapados donde no se puede limpiar.

En el resto de casos, antes de reemplazar prueba un lavado a conciencia y evalúa el resultado seco al día siguiente, no en mojado: una brocha empapada parece siempre peor de lo que está. Con la brocha de contorno conviene mirar también si su forma sigue siendo la que te servía al principio.

Mejor pensar en reposición que en caducidad

Más que marcar una fecha en el calendario, es útil tener claro cuáles son las dos o tres brochas que usas a diario y vigilarlas. Esas son las que vas a renovar antes. Las de uso esporádico pueden durar años si se guardan bien. Y si estás montando tu primera colección, en la guía para empezar desde cero verás qué piezas conviene cuidar como fijas y cuáles entran y salen según lo que vayas probando.

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