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Secar guardar brochas

Cómo secar y guardar las brochas para que duren más

Cómo secar y guardar las brochas para que duren más

El punto flaco de una brocha no suele ser el pelo, sino la virola: ese cilindro metálico que une el penacho con el mango. Dentro hay pegamento y, en muchas brochas, un nudo de pelo apretado con hilo. Si entra agua ahí y se queda horas, el pegamento se ablanda, el pelo empieza a soltarse y, cuando por fin seca, la madera del mango se hincha, cuartea el barniz y la virola gira. Muchas veces, una brocha que pierde pelos se ha secado mal.

Así que lo que viene después del lavado pesa tanto como el lavado. Y guardarlas en el sitio equivocado desordena las fibras aunque la brocha esté seca.

Qué pasa cuando una brocha se seca mal

Si la dejas con el pelo hacia arriba o de pie en un vaso recién lavada, el agua baja por las fibras hasta meterse dentro de la virola. Ahí no se evapora bien porque no corre el aire. El pegamento interior se reblandece, el pelo pierde agarre y, con dos o tres lavados mal secados, la brocha empieza a soltar fibras sueltas al pasarla por la cara.

El otro problema es la forma. El penacho mojado es blando y toma la forma de lo que lo sujeta. Si lo apoyas sobre una toalla con el pelo aplastado contra la mesa, seca torcido. Si lo cuelgas con el pelo hacia abajo pero prensado contra algo, seca con una curva rara. Una brocha de base que debería tener el canto fino acaba con el pelo abierto en abanico y pintando con otra forma distinta.

El secado paso a paso

Después de aclarar la brocha hasta que el agua salga limpia, lo primero es sacarle el agua que lleva encima, no la de dentro (esa no la hay si la has lavado bien, solo mojando el pelo y no la virola). Aprieta el penacho con una toalla limpia, de arriba hacia la punta, varias veces, cambiando de zona de la toalla. No la retuerzas ni la escurras girando: eso desordena las fibras y, con el tiempo, las parte.

Luego devuélvele la forma con los dedos. Si es una brocha plana, aplánala; si es redonda, redondéala; si es de canto fino para delineado, júntale la punta. Esto se hace mojada porque es cuando el pelo recuerda la forma al secar.

Y ahora, lo que más cambia la vida de una brocha: secarla con el pelo hacia abajo o, al menos, en horizontal con el penacho sobresaliendo del borde de una superficie, en el aire. Hay soportes con gomas o pinzas que las cuelgan boca abajo; también vale una toalla doblada en el borde del lavabo con las brochas asomando al vacío. La idea es que el agua, si queda algo, caiga lejos de la virola y que corra aire alrededor del penacho.

Déjalas así todo el tiempo que haga falta. Una brocha densa de tipo kabuki o una de base con mucho pelo sintético puede tardar bastantes horas en secar por dentro, aunque por fuera parezca lista en una. Si la guardas antes de tiempo cerrada en una funda, el agua retenida se queda ahí y aparece olor a humedad, que ya no se va.

Nada de secador de pelo, radiador ni sol directo. El calor fuerte puede dañar el pegamento de la virola. El pelo natural además se reseca y se vuelve áspero; si no te queda claro por qué el natural reacciona distinto al sintético, lo cuento en el artículo sobre las diferencias reales entre pelo natural y sintético.

Cuándo lavar de verdad y cuándo no

Secar bien importa, pero lavar menos también alarga la vida. Las brochas de producto en polvo (polvos sueltos, colorete, sombras) no necesitan un lavado a fondo cada semana: con sacudirlas y pasarlas por un paño seco se quita casi todo. Un lavado completo cada dos o tres semanas si las usas a diario basta. Las de producto líquido o cremoso (base, corrector, iluminador en crema) son otra historia: ahí el producto se queda metido entre las fibras y, si no se lava seguido, se endurece y empieza a oler. El paso a paso del lavado está en la guía de cómo lavar las brochas en casa, para no mezclar los dos temas.

Dónde y cómo guardarlas una vez secas

Cuando la brocha está seca del todo, lo que la estropea pasa a ser el polvo, la humedad del baño y el aplastamiento. Tres cosas:

  • El baño es el peor sitio. La ducha caliente deja humedad en el aire, y esa humedad entra en las fibras y en la madera del mango. Si puedes, guárdalas en el dormitorio o en un tocador fuera del baño. Si no, al menos no las dejes al lado de la ducha ni dentro de un armario cerrado donde no corra el aire.
  • En vertical, con el pelo hacia arriba, en un vaso o un bote. Esto solo es seguro cuando están secas del todo: con el pelo hacia arriba el aire les llega bien y conservan la forma. Mete separadores o granos para que no se muevan si el bote es ancho y pocas brochas bailan dentro.
  • Si viajas, en una funda enrollada con huecos individuales o en un estuche con compartimentos. Nunca sueltas en el fondo de un neceser aplastadas con otras cosas: el penacho se dobla, coge la forma del golpe y ya no vuelve.

Los sets suelen venir con su propia funda, y es buena idea aprovecharla precisamente para eso, para transporte, no como sitio fijo. Guardadas siempre dentro de la funda cerrada, las brochas se tocan entre sí y pierden pluma. En la sección de sets de brochas verás que muchos vienen con estuche rígido o enrollable: sirve para moverlas, no para almacenarlas meses.

Detalles por tipo de brocha

No todas sufren igual. Las densas y gordas de base de maquillaje son las que más agua retienen y las que más tardan en secar; con esas, el error típico es creer que ya están listas a las dos horas. Las de polvos, grandes y esponjosas, cogen la forma muy fácil al secar, para bien y para mal: si las aplastas mojadas, se quedan planas. Los pinceles para ojos son pequeños y finos, pero su virola también lo es, y un pincel de delineado que pierde la punta ya no delinea nada; con ellos vale la pena juntarles la punta con los dedos antes de dejarlos secar.

Los mangos de madera barnizada son los más sensibles al agua repetida: si ves que el barniz se levanta cerca de la virola, es señal de que les está entrando agua al lavar. Baja la cantidad de jabón, moja solo el pelo (no toda la cabeza de la brocha) y vigila que al aclarar no apunte el chorro hacia la unión.

Señales de que algo va mal

Una brocha que empieza a soltar más de uno o dos pelos sueltos cada vez que la usas, que huele raro al mojarla, que gira el penacho dentro de la virola o que ha perdido la forma original avisa de que el secado o el guardado no están yendo bien. A veces se recupera dejándola secar varios días en horizontal en un sitio aireado; otras veces, si el pegamento interior ya ha cedido, no hay vuelta atrás y toca sustituirla. Mejor prevenirlo: unos minutos de atención después de cada lavado alargan la vida de la brocha.

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